El fracaso de la gestión de Vikings con J.J. McCarthy
Opinión. 25/08/2026. Por Zascan
Hace unos días escribí que no había que fiarse de casi nada de lo que se ve en pretemporada, que el marcador es de mentira y que la paciencia es la única virtud que vale algo en agosto. Sigo pensando lo mismo y este artículo es un análisis de un proceso, no de dos partidos. Hay una diferencia entre «no sobrerreacciones ante un partido que no cuenta» y «no analices cómo se ha construido, ladrillo a ladrillo, la situación que ha llevado a ese partido a no contar para J.J. McCarthy». La tesis que os presento va en ese segundo sentido que, en mi opinión, sí importa.
Los Vikings no han perdido la apuesta realizada en aquel draft de 2024 de haber reclutado el futuro quarterback franquicia por mala suerte. Se la han jugado ellos mismos, con las cartas marcadas desde el principio, y luego han rematado la faena jugándolas tan mal que, al final de la partida, su quarterback de segundo año es posible que no valga como quarterback suplente y se le debe tratar como si fuera un jarrón chino que no se puede tocar. Vamos a intentar desmontarlo.
El reloj que nunca estuvo calibrado para J.J.
El primer paso tiene que ver con los plazos. Repasemos la cronología con calma, porque aquí está una parte importante de la tesis. En 2024 los Vikings dejaron ir a Sam Darnold —que venía de firmar una temporada revelación con ellos, en plena conversación, real o no, de MVP— para apostarlo todo por McCarthy, su elección de primera ronda. McCarthy se rompió el menisco en pretemporada y no jugó ni un snap su año de rookie. Darnold, mientras tanto, firmó con Seattle, terminó 14-3, ganó la Super Bowl LX y se llevó su segundo Pro Bowl . El análisis es puro resultadismo, y sólo invalida lo que sucedió posteriormente, pero la foto no deja de ser negativa para la gerencia. Que un ejecutivo rival calificara la decisión de los Vikings de «insana» es una lectura sensacionalista e interesada de lo que pasó realmente, pero no deja de ser también razonable.
En 2025, ya sin red de seguridad y con la presión de lo sucedido el año anterior, McCarthy entró de titular directo a un esquema de Kevin O’Connell que exige procesamiento rápido, lecturas completas y una base de pies consistente en cada tiro. Terminó 6-4 como titular, pero con métricas avanzadas pésimas (EPA/jugada, sobre todo), una lesión de tobillo, una conmoción y una fractura de mano que lo dejó fuera del último partido de la temporada por decisión propia. Carson Wentz entró a mitad de curso y algunos insiders directamente hablaron de «soft benching». El propio Albert Breer resumió el diagnóstico con una frase que aún debe resonar en las oficinas de Eagan: McCarthy «perdió la confianza» en 2025, y a partir de ahí quedó «efectivamente fuera del periodo de prácticas»: ya no habría desempate a favor del ex primera ronda. A posteriori, la información que se filtró es que el plan era tener una competencia real entre Sam Darnold, Daniel Jones y J.J., pero las decisiones de los dos primeros condicionaron el plan para la temporada.

¿Y qué hicieron los Vikings con toda la información generada durante la temporada? Ficharon a Kyler Murray en marzo por el mínimo de veterano, un día después de que Arizona lo cortara, y renovaron a Wentz. Tengamos en cuenta que la franquicia cuenta con mucha más información que el desempeño en los partidos o lo que nos llega públicamente a los que seguimos la actualidad de la franquicia. Sobre el papel, esto nos dejaba para 2026 en una posición de «competencia sana». En la práctica, las casas de apuestas ya tenían a Murray como favorito abrumador (-1000) en mayo, meses antes de que se disputara un sólo snap serio. Ian Rapoport dijo el 5 de agosto que la competencia podía extenderse «hasta la pretemporada y hasta el inicio de la temporada». Seis días después, el 11 de agosto, O’Connell la cerró de un plumazo, cuatro días antes del primer partido de pretemporada. Si tu propio insider de referencia se equivoca unos días antes de compartir la noticia sobre cuándo vas a tomar la decisión más importante del año, no es que «las cosas se aceleraron»: es que el proceso interno era, como poco, incoherente sobre sus propios plazos o bien no se quiso ser honesto con los que participaban de dicha “competencia”.
Snaps compartidos, nadie construye nada
Aquí está la parte técnica, consecuencia de los errores en la planificación descritos en la parte anterior. La que de verdad debería doler. Durante toda la primavera y buena parte de julio, Murray y McCarthy se repartieron los snaps con el primer equipo casi al 50-50 (Star Tribune). Suena justo, suena democrático. El problema es que tus decisiones no deben basarse en justicia o democracia si quieres ganar partidos en lugar de amigos. En el fútbol americano moderno, y más en un esquema tan dependiente de la química con los receptores como el de O’Connell, repartir snaps al 50-50 no construye a ningún quarterback: diluye a los dos. El propio Murray, el que terminó ganando el puesto, admitió en OTAs que le estaba costando alcanzar la familiaridad necesaria con el ataque tomando solo la mitad de las repeticiones (ESPN). Y The Athletic lo dejó por escrito en junio: «el hecho de que ninguno de los dos esté recibiendo los snaps del número uno» era ya, en pleno minicamp, un problema evidente para ambos.
Y hasta aquí sobre la gestión de suplente y titular de los quarterbacks, pero ahora me gustaría explicar cómo creo que esto ha afectado a J.J. en particular y, de cara a la franquicia, puesto en duda que incluso pueda valer como suplente de Murray.

Si compartir snaps es malo para los dos, quitárselos de golpe a uno unos días después de decir que había competencia real por el puesto, puede ser muy negativo para dicho jugador. Cuando O’Connell nombró a Murray titular el 11 de agosto, la explicación oficial fue explícita: la decisión se tomaba ahora precisamente para poder darle a Murray «todos los snaps del primer equipo» durante las cuatro semanas siguientes en vez de repartirlos. Traducido: McCarthy, deja de recibir repeticiones en el tramo del calendario en el que más las necesitaba si de verdad había dudas sobre su titularidad. Los reportes diarios de campamento ya venían anticipando la tendencia desde principios de agosto —Murray acumulando más snaps de pase que McCarthy práctica tras práctica, así que fue la confirmación de un proceso que llevaba semanas escorándose, disfrazado de decisión «de última hora». Hay que destacar también que el jugador ha hecho poco por merecer más snaps o repeticiones. Lo cierto es que la evolución de J.J. durante los periodos que ha podido entrenar y jugar con el equipo han sido nulas, por lo que la franquicia puede defender fácilmente la inutilidad de dárselas. En ese caso, y volvemos al inicio de este punto, ¿por qué dárselas desde el inicio si no había una competencia real?
Y no acaba ahí. En el propio análisis de NBC Sports sobre qué tan real fue la competencia, el detalle más revelador no es que ganara Murray, sino cómo se gestionó el cierre: en lugar de dar a ambos quarterbacks un partido de pretemporada con el primer equipo antes de decidir, O’Connell cortó por lo sano y pivotó directamente a preparar a Murray para la Semana 1. Eso significa que McCarthy nunca ha jugado, ni jugará, un solo snap de pretemporada rodeado de titulares. Contra los Giants fue 4 de 7 por 34 yardas con suplentes alrededor; contra los Ravens el sábado, otra vez con la segunda unidad, otra vez sin Justin Jefferson ni Jordan Addison cerca. Cualquier conclusión que se extraiga de esos partidos sobre si McCarthy ha mejorado o puede hacerlo está contaminada de fábrica por el propio diseño del proceso.
La cabeza de J.J.: gestión de guante de seda, resultado de rodeo
Aquí llega la tercera pata, la que de verdad conecta todo y concluye mi tesis sobre el asunto. Los Vikings sabían, por su propio diagnóstico interno, que el problema de McCarthy en 2025 no era solo mecánico sino mental: pensaba demasiado, sobreanalizaba cada repetición hasta paralizarse en el pocket. O’Connell llegó a decirle literalmente que dejara de pensar tanto, que «solo jugara», un consejo que hasta Kurt Warner, nada menos, cuestionó públicamente por lo contradictorio que resulta pedirle a un quarterback que no piense y al mismo tiempo estar reescribiéndole la mecánica cada semana. Destruir la seguridad de un deportista de élite que ha llegado hasta allí sabiéndose el mejor de los que le rodean desde que es un niño no es fácil, pero esta manera puede resultar bastante efectiva.
Y aquí viene el dato que, para mí, resume mejor que ningún otro la gestión de la cabeza de McCarthy: según Dianna Russini, de The Athletic, la organización llegó a evitar que McCarthy se enterara de que habían sondeado a Aaron Rodgers como alternativa veterana, precisamente porque «no querían meterse en su cabeza». Desde el punto de vista del jugador parece que el club está dispuesto a esconderle información a su propio quarterback titular recientemente drafteado para protegerle la psique en noviembre de 2025, es el mismo club que en agosto de 2026 le anuncia en una reunión de cinco minutos, cuatro días antes del primer partido de pretemporada, que ya no es el titular y que Murray se queda con todas las repeticiones de calidad de aquí a la Semana 1.
Esta inconsistencia parece lo más dañino para la confianza del jugador. Tratar a un jugador como de cristal en un sentido y como un mueble intercambiable en el otro sin que eso pase factura. McCarthy, para su crédito, respondió con la frase de manual —»una decisión que estaba fuera de mi control»— y una profesionalidad que en ESPN describieron, como la pérdida temporal de su personalidad habitual «de equipo», en la rueda de prensa. En mi opinión, eso no es un jugador tranquilo. Es un jugador entrenado para no mostrar nada, que es distinto.
La consecuencia de este vaivén que he intentado explicar aquí —elegido en 2024 con la etiqueta de titular del futuro, fuera todo ese año por lesión, titular de verdad en 2025, apartado a mitad de temporada, reinstaurado en diciembre, y ahora backup oficial en 2026— es exactamente el patrón que un ejecutivo anónimo describía a The Athletic como el gran problema de McCarthy: la imprevisibilidad. «Con J.J. nunca sabías qué versión ibas a tener» De la misma manera que J.J. nunca sabía qué versión iba a encontrarse de la franquicia.
Contra los Ravens: la profecía cumpliéndose sola

Y si querías una foto fija de todo esto, la tuviste el sábado. McCarthy jugó un solo cuarto —18 snaps—, con línea ofensiva de reservas y sin sus receptores titulares, acabó 5 de 10 por 81 yardas, con un pase de 50 a Tai Felton como highlight y dos balones fuera de sitio en zona roja que costaron una posesión con cuarta y gol (ESPN). Se retiró «un poco tocado», según O’Connell, que además confirmó sin rodeos el statu quo: «ha tomado todos los snaps de segundo equipo en los entrenamientos» (The Athletic). Encima la prensa local usa esa muestra minúscula y contaminada para preguntarse en voz alta si «la confianza se ha ido» (Yardbarker). El proceso que empobrece sus repeticiones es el mismo proceso que luego juzga sus repeticiones empobrecidas como si fueran una muestra limpia de su techo real.
La conclusión que no le va a gustar a nadie en Eagan
Quien lea esto puede pensar que estoy analizando la situación creyendo que McCarthy tiene potencial para ser titular en la NFL: no lo creo. No estoy diciendo que a McCarthy el destino le ha robado su momento; sus problemas de base y de ritmo de lanzamiento son reales y los lleva arrastrando desde Michigan. No ha tenido evolución en los mismos y la búsqueda de un quarterback titular en Vikings por delante de J.J. no es sólo una precaución necesaria por parte de la gerencia, sino que tras lo visto en 2025 una necesidad perentoria del equipo. Lo que digo es que los Vikings han hecho casi todo lo posible, en el peor orden posible, para que el chaval no valga ni como quarterback suplente como consecuencia lógica de dos años de decisiones erráticas sobre calendario y de una gestión emocional que ha ido en la peor dirección para que el jugador mantuviera algo de confianza en su juego y posibilidades. Se puede fichar a un veterano para presionar a tu joven quarterback. Se puede, incluso, decidir que ese veterano es mejor opción para 2026. Lo que no se puede hacer, sin pagar un precio, es venderle a tu inversión de primera ronda que estás protegiendo su cabeza mientras, en la práctica, la sometes al ciclo más inestable posible: confianza, lesión, banquillo, reinstauración, competencia de mentirijillas, cero repeticiones de calidad y, finalmente, la etiqueta pública de imprevisible. Si en 2027 J.J. McCarthy no es un quarterback válido ni para un roster de 53, nadie debe sorprenderse. Y si personal del staff no continúa tras constatarse que tu primera ronda de 2024 no vale ni para banquillo, tampoco debería sorprenderse nadie demasiado en Eagan.
