El eco del Grits Blitz: Flores, los Vikings y la historia del riesgo total
Minneapolis llevaba un rato en silencio incómodo cuando todo el plan se rompió. Kyler Murray, en su debut con los Vikings, se marchó con una conmoción en el primer cuarto; Wentz entró a apagar un incendio que parecía real, con Green Bay arriba 9-3 y camino de complicar la primera tarde en el US Bank de esta temporada 26 de la NFL. Y entonces, entre el caos del ataque, apareció la otra cara de Minnesota: una defensa que decidió jugarse la vida a cara o cruz en cada dropback de Jordan Love. El resultado, cuarenta minutos después, fue un 39-22 con 29 puntos consecutivos de los Vikings para cerrar el partido, veintidós de ellos en un cuarto período en el que los Packers, sencillamente, dejaron de existir.
La historia de ese vuelco tiene nombre propio: Brian Flores. Y tiene un número que, en pleno 2026, todavía impresiona a una liga que creía haberlo visto todo.
Una locura con nombre y apellido
Según Next Gen Stats, Flores envió blitz a Jordan Love en el 78.3% de sus dropbacks; según Pro Football Focus, la cifra sube hasta el 87%, con un 73.91% de blitz sobre el total de snaps defensivos, cincuenta puntos porcentuales por encima de la media de la liga. Sea cual sea la métrica que se prefiera, el dato de Next Gen Stats es la cuarta marca más alta registrada por una defensa en un partido desde que existe ese conteo, en 2018, y solo el otro coordinador defensivo que se le acercó ese domingo —Dan Quinn, en Washington— superó el 50%.
No es una travesura aislada. Flores ya había cerrado la temporada 2025 como el coordinador más agresivo de la NFL, con un 46-48% de blitz de media, casi diez puntos por encima del segundo clasificado, los Falcons, que rozaron el 33.9-35.2%. El domingo, en Minneapolis, decidió que ese listón todavía se podía subir un peldaño más.
Dos partidos dentro del mismo partido
Lo interesante —lo que hace que este relato merezca algo más que un titular— es que por momentos pareció que el plan casi le explota en la cara. Con el blitz al 83% en la primera mitad, Love completó pases suficientes para acumular 189 yardas y dos touchdowns solo en los envíos con presión extra, y terminó la primera mitad con 19 puntos en el marcador de Green Bay. Los números de PFF son todavía más elocuentes: Love acabó 21 de 37 para 387 yardas cuando se enfrentó al blitz, contra un mísero 0 de 5 cuando Minnesota fue a la presión con cuatro hombres o menos. Es decir: cuando la locura no llegaba a tiempo al quarterback, era letal para los propios Vikings.
Flores, que no es de los que se aferran al plan por orgullo, movió la aguja. Kevin Seifert, de ESPN, documentó cómo el ritmo de blitz cayó del 83% en la primera mitad al 63% en la segunda, y aun así Minnesota terminó el juego con quince golpes al quarterback, cuatro sacks y una intercepción, dejando a los Packers sin anotar ni un solo punto en el último cuarto. El protagonista individual fue Dallas Turner, con nueve presiones, siete golpes a Love y un strip-sack.
Flores no ganó el partido por blitzear más que nadie. Lo ganó por mantenerlo en el tiempo y saber, en tiempo real, cuándo no hacerlo. Y esa distinción, aunque parezca de matiz, es la que separa a las defensas temerarias de las defensas que sobreviven una temporada entera jugando con fuego.
El precedente que nadie ha vuelto a tocar desde 1977
Porque el origen de este texto fue apuntado por Luke Braun en el pequeño video que pudimos grabar con él. En él, mencionó a un equipo histórico en cuanto a enviar blitz.
Para evitar sobrerreacciones o particularidades, no basta con mirar a un rival de una sola tarde. Hay que ir casi cincuenta años atrás, a una defensa que no blitzeó al 80% en un partido aislado: lo sostuvo, con matices, durante las catorce semanas de una temporada completa. Hablamos de los Atlanta Falcons de 1977, la mítica «Grits Blitz».
Bajo la dirección del coordinador Jerry Glanville y el head coach Leeman Bennett, aquella defensa firmó el récord histórico de menos puntos permitidos en una temporada de catorce partidos: 129, un promedio de 9.2 por encuentro que sigue sin superarse, ni siquiera por los Bears del 85. Los números que sostienen esa barbaridad son propios de otra era: 42 sacks, 26 intercepciones, apenas nueve touchdowns por aire permitidos en toda la temporada y solo 1.384 yardas aéreas concedidas, la mejor marca de la liga. Como curiosidad amarga, aquella defensa histórica convivió con un ataque tan pobre —menos de 13 puntos de media— que los Falcons terminaron 7-7 y fuera de playoffs, la prueba de que ni siquiera la que, por números, se podría considerar la mejor defensa de la historia moderna garantiza nada si el resto del equipo no acompaña.
Cómo se apaga un incendio: las ofensivas que descifraron a los Grits Blitz
Pero pasemos a lo interesante, ¿qué hicieron los equipos para atacar esa defensa históricamente agresiva en enviar el blitz?
Ninguna defensa, por brillante que sea, es invulnerable. Y los pocos partidos en los que la Grits Blitz hizo aguas dejan un manual que, leído hoy, suena sorprendentemente moderno.
El caso más claro llegó en la semana 13, cuando los Rams de Los Ángeles vapulearon a Atlanta 23-7 en su propio campo, la peor tarde defensiva de los Falcons en toda la temporada. La receta de Los Ángeles no fue la velocidad ni el desborde: fue el control absoluto del balón. Pat Haden entregó el timón a un ataque terrestre que dejó a Lawrence McCutcheon con 152 yardas por tierra, incluido el primer touchdown en la carrera del rookie Wendell Tyler, y que sencillamente le quitó posesiones —y decisiones agresivas que tomar— a la defensa de Glanville.
El segundo golpe llegó tres semanas antes, en Nueva Orleans, en un partido que los Saints ganaron 21-20 sobre la bocina. Con Archie Manning al mando tras entrar de refresco por una lesión, la jugada decisiva resume perfectamente el precio que se paga por blitzear sin descanso: al enviar la presión extra, el cornerback Rick Byas quedó aislado uno contra uno frente al tight end Henry Childs. Manning, con el tobillo dolorido, lanzó un globo al fondo de la end zone que Childs atrapó por los pelos para el 21-20 definitivo.
Y el tercer episodio, el que más debería importarle a un lector de Minnesota, ocurrió en la semana 7: los propios Vikings, con Fran Tarkenton todavía en su prime, vencieron a la Grits Blitz 14-7 en Atlanta. Tarkenton conectó un pase de 54 yardas a Sammy White para empatar el partido, explotando exactamente la misma vulnerabilidad que exploraría Manning semanas después —la cobertura individual que deja el blitz cuando llega tarde—, y selló la victoria con una carrera de 51 yardas de Chuck Foreman que preparó un touchdown de seis yardas a Bob Tucker.
Tres soluciones, un mismo denominador común: control del balón para reducir el número de blitzes que ver, y ataques verticales rápidos hacia el receptor que se queda solo cuando el noveno o décimo defensor corre hacia el QB. Es, letra por letra, lo que hizo Jordan Love en la primera mitad del domingo antes de que Flores le cerrara el grifo.
Atlanta, otra vez: el eco de 2025
Lo llamativo es que la historia no necesitó medio siglo para repetirse. Los propios Falcons, bajo Jeff Ulbrich, llegaron a liderar la NFL en blitz a mitad de la temporada 2025, con más de un 47% de rush de cinco o más hombres y la mejor defensa total de la liga tras cinco semanas. Bryce Young y los Panthers ya les enseñaron el primer parche: soltar el balón en menos de 2.5 segundos para anular la presión extra. Después llegaron los Seahawks, que anotaron sus tres touchdowns precisamente en jugadas de blitz, hundiendo la tasa de presión de Atlanta del 53% al 13% entre la primera y la segunda mitad de aquel partido, según el conteo manual de analistas independientes. Atlanta acabó el año 8-9, fuera de playoffs, con una identidad defensiva que sus propios rivales habían terminado de descifrar.
La pregunta que le queda a Flores
Ahí está, entonces, el verdadero examen para Minnesota. La Grits Blitz de 1977 demostró que se puede sostener una agresividad extrema durante una temporada entera y aun así ser vulnerable a los mismos tres o cuatro contragolpes: control de balón, pases rápidos y rutas verticales sobre coberturas aisladas. Los Falcons de 2025 demostraron que, en la NFL moderna, ese manual se aprende todavía más rápido, en cuestión de semanas, no de años.
Lo que distinguió a Flores el domingo fue precisamente la capacidad de no quedarse anclado en el plan cuando dejó de funcionar: bajar del 83% al 63% en tiempo real, sin dejar de generar presión, y cerrar el partido con una defensa que en el último cuarto no permitió ni un punto. Es la misma pregunta que ronda a cualquier apuesta radical en el fútbol americano desde que Glanville dibujaba pizarras en Atlanta: ¿se puede vivir al filo de la navaja durante diecisiete semanas sin que un rival, tarde o temprano, encuentre el ángulo exacto para cortar? Green Bay tuvo la respuesta durante treinta minutos. Minnesota tuvo la última palabra durante los otros treinta. Veremos el próximo domingo cómo se plantea la partida de ajedrez entre Ben Johnson y Brian Flores.
Por Zasca
Fuentes usadas:
Pro Football Researchers Association
Wikipedia, Historia de los Falcons
YouTube, análisis tácticoWikipedia, temporada 2025 de los Falcons
